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24×30

La escala de la honestidad

En la fotografía analógica existe un formato de copia que todo fotógrafo consideraba no solo clásico, sino casi imprescindible. Es el célebre 24×30, expresado en centímetros. No se elegía para impresionar, sino porque te conducía a ser fotográficamente honesto.

En el cuarto oscuro, cuando decíamos «vamos a 24×30», sabíamos que la imagen había alcanzado su forma definitiva. No es un formato que se escoge para deslumbrar, sino uno que se prefiere porque te obliga a ser sincero con la imagen. Siempre fue un punto de equilibrio: ofrece el espacio justo para que el tono general y el carácter de la fotografía se perciban con claridad, junto con su textura y su relación con la luz. Muestra lo necesario, con la contención justa, para que la intención original de la toma no se pierda ni se confunda.

En definitiva, el 24×30, acompañado de un pequeño margen blanco alrededor, ofrece una lectura limpia de la fotografía, sin presión. Es una escala que no se impone y, quizá lo más importante, exige una distancia de visionado corta, casi íntima. No te colocas frente a ella: te acercas, la escuchas a través de sus detalles. Y si vuelves a mirarla, no será porque te lo pidió, sino porque te dejó espacio.

Nota: Hoy, este formato se traduce en las redes sociales en 1080 × 1350 px.